Autor: Yohny Hostos Espitia

Introducción
Por la gran diversidad de prácticas y creencias consideradas religiosas no es posible una definición precisa de religión, así que, puede entenderse desde un sentido amplio, en línea antropológica y sociológica, como una búsqueda permanente del bienestar individual en el ámbito espiritual, y comunitaria fuente salvífica -inmanente- a sus adeptos o seguidores, que interiorizan normas de vida y ritos de fe o credo, que dan validez a una ideología transcendente que explica el mundo natural y da razón del propósito de la existencia terrenal y un devenir prometido; es decir, une a las personas en torno a lo sagrado.
Así, en tiempos contemporáneos, donde el narcicismo predomina, lo inmaterial tiende a desvirtuarse, y en interés de enriquecer esto punto de vista, surge una cuestión: ¿el hecho social religioso como se entrelaza con la subjetividad?; de qué manera lo institucional, popular o vivido de las creencias y practicas se funden con las experiencias e interioridades de lo trascendente, dimensión íntima y personal del ser humano. Explorar esta intersección de credos y convicciones, permite entender cómo la religión no solo impone, sino que también se reinventa en el interior de cada individuo.
De otra manera, el programa de Maestría/Doctorado en Estudios Sociales de la Religión anima las prácticas investigativas a través de tres posibilidades emergentes, en las líneas: Diversidad, espiritualidad y diálogo interreligioso; Subjetividades, geopolítica, biopolítica y religión; y Lo público, la formación y la religión.
Primera idea
La subjetividad, esa experiencia interna y única en cada persona, es el pilar central al que se fija el interpretar el hecho social religioso. De otra manera, una observación atenta, esclarece una inicial dupla complementaria; con un primer aspecto, que enfatiza la exterioridad de los hechos sociales; y un segundo aspecto, que introduce la idea que la acción social está motivada por significados subjetivos. Es decir, en la narrativa comprensiva religiosa, significa que los individuos no solo consienten rituales colectivos por coerción externa, sino que les atribuyen sentidos personales derivados de sus emociones que se expresan, motivan o adaptan a las circunstancias situadas, experiencias vitales -referente muy humano- y contextos culturales; es último, modela la visión de mundo del creyente y orienta su rol al vincularlo al entorno comunitario. Esta dualidad resalta cómo la subjetividad afirma el hecho social, y lo enriquece, al permitir variaciones con adaptaciones a un mundo plural y diverso.
El posgrado de Maestría y Doctorado responde a la pertinente indagación sobre que motiva al ser humano, y sondear en su ingenio para recrear el mundo, o desde lo evidenciable de la profunda psique arquetípica; y es que, desde la inicial conciencia de los primeros bípedos, la ancestral imaginación como principio explicativo del mundo natural erigió los hitos constitutivos de los entes superiores, personificados con cualidades humanas y formas quiméricas para realzar su poder e influjo, con temperamentos decididos o caprichosos suscitaban fenómenos ambientales; y es aquí, cuando entran en acción los mediadores o expertos de lo sagrado que aseguran influir para aplacar a estas fuerzas inmanentes o trascendentes, taumaturgos con abalorios simbólicos, sean del entorno o imaginados, y que en teatral funambulismo a un influenciable público en los albores de la civilización, o aislados por las agrestes condiciones orográficas, presentaban ofrendas en holocausto o lanzadas a la representación de la deidad, y así, les permitía -hacían creer a sus devotos-, comunicarse con la otredad; por tanto, desde los sucesos naturales significativos, se conllevó a racionalizar y sistematizar por los detentadores o elegidos, un saber restringido en grado de tabú o prohibido, y a la constitución de una sociedad secreta; antiquísima y segregada, era una forma incipiente de investigación.
Esta síntesis diacrónica, es la génesis de la actual elección intencional del investigador del hecho social religioso, que expone resultados en los que reconoce su amplitud de abordajes, una pluralidad de perspectivas, que adquieren el papel de incentivos para superar estándares hegemónicos y diversificar modelos metodológicos.
Segunda idea
Entra en vigencia, la desmagización del mundo, cuando la racionalidad occidental como su deidad en el altar de la ciencia, declaró que dios ha muerto, subvirtiendo las bases precedentes de las instituciones religiosas y reconfigurando el contrato social, con la separación legislativa del Estado, regulado por la sociedad, y la iglesia, que ahora pasaba al espacio público y a sus instituciones representativas. Aún más, el avance tecnológico, al desligar la aprehensión de lo ético o lo moral, empezó a descubrir en los hechos demostrables y replicables a sociedades secularizadas, en tanto, el hecho social religioso se transformó y adaptó a las nuevas realidades de la iniciativa individual, fluyó la economía liberal como nuevo exponente de libertad en las espiritualidades del mercado, es decir, innovación en la subjetividad moderna; de esta forma, las personas construyeron creencias personalizadas y se afirmaron en nuevos espacios y veneraciones que implicaban individuos que seleccionan elementos religiosos de diversas tradiciones religiosas: hibridaciones, sincretismos, nueva era o virtualidades digitales, que en común, necesitaban alejarse de las instituciones tradicionales anacrónicas y sus ritos monolíticos; en consecuencia, desde una ´perspectiva psicológica, respondieron a necesidades emocionales y existenciales que allanaron el intercambio de ideas religiosas.
Por consiguiente, en los grupos religiosos, este sentimiento se amplifica colectivamente, pero es la subjetividad la que lo internaliza, convirtiéndolo en parte de la identidad personal. La mayor incidencia contemporánea, y es paradójico, de una reconquista de la subjetividad religiosa en sociedades que privatizaron las creencias, emerge como un agente de cambio mediante el aporte de la firmeza de la ortodoxia institucional. Este proceso, moldeado por hechos sociales como la globalización y las redes digitales, permisivas y liberalizadas, no marcaban un derrotero a los individuos y exaltaban la ausencia de profundidad existencial, como también, en la uniforme identidad del anónimo ser en la masa objetivo; fue deslegitimando el materialismo superficial y se constituyeron nuevas feligresías que retomaron los estandartes religiosos, con devotos que acogen la severidad de las normas o el fundamentalismo del credo. En efecto, la grey se encontró a sí misma en un mar de inseguridades y ausencias de certezas, favorable al mercantilismo consumista: ya que todo cambia, es maleable, es líquido y se desliza entre los dedos, … y para aferrarse se necesitan certidumbres para el presente y promesas alcanzables en el devenir; por tanto, la abnegación personal es vista como una recompensa no expresable en términos terrenales. Esto explica por qué, en un mundo cada vez más individualizado, las religiones prosperan cuando apelan a la autenticidad subjetiva, como en movimientos evangélicos o meditación espiritual para una conciencia plena. Así, el hecho social es vía a la subjetividad y la nutre, ofreciendo marcos para la búsqueda de sentido.
Tercera idea
Esta dinámica subraya la importancia de estudiar la religión desde la estructura social, y destacar un proceso dialéctico, donde la subjetividad actúa como catalizador de innovación o resistencia. Veamos, los residentes de este mundo de individualización tecnológico, conllevan una grave crisis de socialización para realizar contactos legítimos humanos, dialogar y respetar las diferencias ideológicas a dado paso a la no aceptación de la diferencia; ahora son expresados en términos de ultimátum, se ejerce una ley de la selva donde el más fuerte es el ganador, en el marco de un desconcierto por las neolenguas del discurso democrático, que con directa falta de sinceridad, promueve en realidad una libertad con grilletes; diplomacia entre supuestos iguales para aplacar, y en realidad predefinir un vencedor del conflicto, lavando la situación en la condescendencia; de esta forma, se ejerce el predominio del discurso uniforme y la doctrina unipolar; un ejercicio de dominación que la historia a recopilado para tiempos de una fuerte relativización de la ética y una decadencia de la moralidad, por medio de nuevas armas de control social, como lo es la cultura de la cancelación, que premeditadamente desconoce y anula las culturas originarias o contextuales de los comunidades a las que dicen proteger.
Así pues, la esperanza con la legendaria Pandora, es el tesoro resguardado en la interiorizada necesidad de los seres humanos por la factibilidad de un cambio benéfico o un retorno al estado previo a la crisis de vida, casi siempre idealizado; en otros términos, algunos seres humanos ven en la fe un refugio compartido, una promesa salvífica que la propia teodicea, el soportar sufrimiento por un amparo mayor o tolerar el bien después de una desgastante existencia, son beneficios a posteriori para un despertar fuera de la condenable existencia temporal, y conducido a un nuevo plano de existencia donde la felicidad es permanente. Por otra parte, se cuestiona en perspectiva personal, una redención asociada a otro mundo (no verificado) y no al terrenal inmediato, que termina en abandonos de congregaciones ejemplificados en el fenómeno de la apostasía o el sincretismo. De esta manera, la subjetividad reconfigura el hecho social, convirtiendo la religión en un espacio de negociación entre lo colectivo y lo personal.
Cierre
A modo de síntesis, es una reflexión sobre el hecho social religioso en el marco del programa de Maestría y Doctorado en Estudios Sociales de la Religión de la Universidad de La Salle (Bogotá que integra perspectivas sociológicas, antropológicas y subjetivas. El hecho social religioso y la subjetividad, dimensiones interdependientes que definen la experiencia humana de lo divino; sobre cómo, en nuestra vida cotidiana, equilibramos lo colectivo con lo íntimo. Reconocer esta dialéctica no solo enriquece la comprensión sociológica, sino que fomenta una espiritualidad más inclusiva y consciente. En pocas palabras, la religión como hecho social se humaniza a través de la subjetividad, recordando que lo sagrado reside tanto en la comunidad como en el corazón de cada uno.
La religión como hecho colectivo y fenómeno subjetivo inseparable, trasciende la creencia individual para convertirse en un hecho social que moldea estructuras, identidades grupales y normas comunitarias. Su fuerza radica en la subjetividad del individuo, quien le atribuye sentidos personales, emocionales y experienciales a los rituales, símbolos y creencias. Esta dualidad _exterioridad social e interioridad subjetiva_ dinamiza lo religioso, con adaptaciones, variaciones y resistencias en contextos plurales y cambiantes.
La subjetividad como eje central de interpretación y transformación, es la experiencia interna única el pilar para comprender y recrear el hecho religioso. Desde lo ancestral de la humanidad que asciende hasta la modernidad, la subjetividad ha sido el motor que permite a los individuos recrear, personalizar y negociar el significado de lo sagrado, incluso en entornos secularizados.
Transformaciones contemporáneas: desmagización, secularización y re-subjetivación, no eliminó la religión, sino que la reconfiguró. Surgieron espiritualidades individualizadas, hibridaciones, sincretismos, Nueva Era, empresariado religioso y expresiones digitales/virtuales. Paradójicamente, en sociedades líquidas, individualistas y marcadas por la incertidumbre, el narcisismo y el materialismo, emerge una reconquista de la subjetividad religiosa que brinda certezas, autenticidad y promesas trascendentes.
Dialéctica entre lo colectivo y lo personal en un mundo en crisis, existe una tensión: la religión es un estructurante social que cohesiona y coacciona con normas, pero la subjetividad opera como un catalizador de innovación, resistencia y reconfiguración. En el contexto actual con crisis dialogante, cultura de la cancelación y relativismo ético, la fe se convierte en refugio, espacio de negociación entre lo colectivo y lo íntimo, en fuente de esperanza. Es decir, ofrece marcos para aceptar el sufrimiento y prometer redención.
Relevancia del programa posgradual, el posgrado responde a esta complejidad promoviendo investigaciones críticas, interdisciplinarias y plurales. Sus tres líneas temáticas —Diversidad, espiritualidad y diálogo interreligioso; Subjetividades, geopolítica, biopolítica y religión; Lo público, la formación y la religión— invitan a superar enfoques hegemónicos, diversificar metodologías y analizar cómo lo religioso se entrelaza con lo público, lo político, lo identitario y lo íntimo en el mundo contemporáneo.
